En noviembre de 2025, en el marco de la Jornada sobre Sensorización y Digitalización en el Sector Porcino organizada por la Cátedra UCH CEU – Mensoft, la última mesa del día reunió a tres profesionales que conocen el problema desde dentro: Gemma Ticó, fundadora de Oinkers, la primera agencia de comunicación reputacional especializada en el sector porcino; Laura Pérez Sala, veterinaria coach y directora técnica veterinaria en Porcinius; y Natalia Yeste, doctora en Bioquímica y Biología Molecular. Moderó la mesa Sonia Cabañas de la UCH-CEU.
El tema era la incorporación del talento joven. Pero la conversación fue mucho más allá de los tópicos habituales: desbordó hacia la imagen pública del sector, el papel de las redes sociales, las condiciones laborales reales y un debate sin filtros sobre si la digitalización, por sí sola, es capaz de atraer a una generación que ha nacido con la tecnología bajo el brazo.

El problema no es el sector: es la imagen que tiene
El punto de partida fue una encuesta presentada recientemente en el Congreso ANAPORC a estudiantes de veterinaria de distintas facultades de toda España. La conclusión era clara: el principal freno para acercarse al sector porcino era el desconocimiento. No el rechazo activo, sino simplemente no saber qué es ni qué ofrece.
«Había un cambio increíble entre la percepción inicial y la final», explicó Gemma Ticó. «Estudiantes que en primero jamás se habrían planteado trabajar en el sector porcino, al terminar la carrera lo consideraban una opción real. La chica que presentó el estudio no conocía nada del sector y ahora está trabajando en él y está enamorada.»
Pero Laura Pérez Sala añadió una capa más: no es solo desconocimiento, sino desconexión emocional. «Ya no tenemos referentes en los pueblos. La distancia entre urbanidad y ruralidad es gigante. Y todos los inputs que los jóvenes reciben a través de sus canales —las redes— son inputs negativos en muchos casos. Hay una desconexión emocional brutal que no solo hace que no les interese, sino que en algunos casos les provoca cierto rechazo.»
Natalia Yeste lo completó desde la universidad: «En el aula tampoco se enseña el sector tal como es. Se enseñan granjas experimentales, mucha teoría. Los pocos que llegan a una granja real se sorprenden: los animales no hay que darles de comer a mano. El desconocimiento viene de casa, del aula y del imaginario colectivo.»
Y ese imaginario tiene raíces más tempranas de lo que parece. «Estamos influidos desde los dos o tres años», dijo Natalia Yeste. «Aparece la granja de Roberto en los anuncios de juguetes: Robertito con una azada, con un gorro de paja, con un mono. Y al lado tienes a los Playmobil de tecnología con sus cascos, a los de oficina con sus maletines. La imagen negativa del sector no empieza en la universidad. Empieza mucho antes.»
De los colegios a TikTok: dónde se gana o se pierde la batalla
Si el problema es de imagen y de percepción, la pregunta lógica es dónde y cómo se construye esa imagen. La respuesta que emergió en la mesa fue contundente: en todos los niveles, y hay que actuar en todos.
Gemma Ticó propuso empezar por las escuelas de primaria. «No hace falta ser un experto en comunicación. Simplemente ir al colegio de tu barrio o de tu pueblo y explicar a los niños qué es lo que haces en tu trabajo. En las ciudades es un mundo completamente desconocido para ellos, y alucinan. Les llevas unas botas y un mono y se lo pasan increíble. Si encima les llevas jamón, ya los tienes en el bolsillo.»
Natalia Yeste confirmó el impacto desde su experiencia: «He dado charlas en escuelas de la comarca de Requena, donde tenemos granjas. Niños de doce años no sabían absolutamente nada de lo que estaban viendo. Alucinaban. Estamos a dos calles de una granja y no saben lo que es un cerdo. Lo han aprendido de Peppa Pig. Y si nos tenemos que quedar con Peppa Pig, tenemos un problema.»
En el extremo opuesto del espectro generacional están las redes sociales, y aquí el debate fue uno de los más ricos de la mesa. «Las redes sociales pueden ser un arma muy letal para el sector, y lo hemos visto», reconoció Gemma Ticó. «Pero si sabemos cómo usarlas, son una herramienta muy potente. Hoy las nuevas generaciones no buscan en Google. Ni siquiera en YouTube. Buscan directamente en TikTok. No les hables de Google porque les queda como del pleistoceno.»
Natalia Yeste subrayó el argumento del alcance: «Una jornada universitaria llega a quinientos alumnos, contando todas las promociones. Un solo vídeo en redes puede llegar a los estudiantes de Valencia, Barcelona y Murcia a la vez. Llegas a toda España.»
El sector tiene además un activo que no siempre aprovecha: su potencial estético. «Una cerda lactando o unos lechones comiendo son estéticamente bonitos y se puede hacer un TikTok o un reel de Instagram a partir de ello», apuntó Natalia Yeste. «La primera impresión que tenga alguien del sector no tiene por qué ser lo que muestran los medios hostiles. Podemos dar esa batalla nosotros.»
Empresas como Innoporc ya están haciéndolo, según Gemma Ticó: «No te lo cuenta la empresa, te lo cuenta una persona joven que trabaja en ella. El veterinario entrando en las granjas y explicando por qué hace lo que hace. Testimonios reales, en el lenguaje de los jóvenes.»

La digitalización (sola) no hará que vengan
Uno de los momentos más comentados de la mesa fue una frase de Laura Pérez Sala que actuó como jarro de agua fría: «La digitalización no hará que vengan.»
La matización era importante. No es que la tecnología no cuente. Es que para una generación que ha nacido rodeada de pantallas, la digitalización no es un factor diferencial emocionante: es el entorno normal. «Para ellos es como el coche para nosotros. No es algo que les llame especialmente la atención. Lo que sí es cierto es que se sentirán cómodos, porque es su área de confort.»
Lo que sí puede hacer la digitalización, argumentó Laura Pérez Sala, es actuar como palanca de conciliación. Eliminar las tareas más pesadas y repetitivas. Permitir horarios más racionales en un sector que históricamente ha exigido presencia constante. «Nosotros ahora en muchos sitios se trabaja de siete a tres. ¿Cuántos de nosotros trabajamos de siete a tres? A lo mejor sí podemos adaptar horarios y formas de trabajar a lo que necesita el joven.»
Natalia Yeste lo formuló de otra manera: «La digitalización y la tecnología lo que nos va a ayudar es a conciliar. Si yo puedo conseguir que alguien no tenga que estar en la granja de siete a nueve todos los días, o que al menos pueda ir a comer a casa, eso nos permite vender mucho mejor el sector.» En esta línea, ya hemos analizado en profundidad cómo la sensórica y los datos están transformando el día a día en las granjas.
Gemma Ticó añadió el argumento del propósito: «Gracias a la digitalización, el trabajo se vuelve más estratégico. No estás haciendo siempre lo mismo. Tienes datos que revisar, parámetros que seguir, sensores que interpretar. Eso hace que la gente joven sienta que tiene un propósito más allá de lo rutinario.»
El pack completo: horario, salario y desarrollo profesional
Si hay un consenso en esta mesa, es que no existe una palanca única para atraer y fidelizar talento joven. Es un pack. Y dentro de ese pack, algunos elementos son innegociables.
«Su prioridad número uno, sin lugar a dudas: horario y pasta», resumió Laura Pérez Sala sin rodeos. «A partir de ahí, hablemos. Porque todo lo demás lo que va a hacer, en el mejor caso, es que se vayan antes. Vengo, me gusta el horario, me gusta el sueldo, pero resulta que paso un frío que te mueres porque el vestuario es un desastre y todo es manual. No termina la semana.»
Natalia Yeste fue aún más directa: «El propósito está muy bien, pero paga. Si quieres que alguien venga los sábados y los domingos, haz lo que hacen los médicos o las enfermeras: págales más. Si por venir un fin de semana le das quinientos euros, tendrás cola para trabajar. Esto va a tener un coste y hay que asumirlo. Y después ya puedes hacer reconocimiento, pero paga primero.»
Más allá del salario, el debate apuntó a algo que el sector también tiene como ventaja comparativa y que no siempre comunica bien: las condiciones reales de trabajo. «Hay zonas de España donde en verano competimos por personal con la hostelería», recordó Laura Pérez Sala. «Y la gente prefiere irse de camarero al chiringuito antes que ir a la granja. Pero el horario de hostelería es horroroso. Más horas, más sacrificio. Con buenas condiciones en el sector porcino —horario, salario, estabilidad, contrato indefinido—, el argumento se puede ganar. El problema es que no lo saben.»
La formación continua fue el último elemento del pack. «Los jóvenes ahora se mueven por propósito, y ese propósito incluye sentir que se cuenta con ellos y que van a crecer», dijo Natalia Yeste. «Las granjas de ahora no son las de hace cinco años. Si vamos cambiando, la formación también tiene que ir cambiando y facilitarse. Si no, nos quedamos estancados.» La colaboración entre universidades y empresa es uno de los caminos que ya se están recorriendo en este sentido.
Cinco ideas clave
– El desconocimiento es el primer freno. Antes del rechazo viene la ignorancia: los jóvenes no saben lo que es el sector porcino ni lo que ofrece. La imagen se construye desde la infancia y hay que actuar en todos los niveles: colegios, universidades, ferias de empleo, redes sociales.
– Las redes sociales son el campo de batalla principal. TikTok es el buscador de las nuevas generaciones. El sector tiene contenido visual atractivo (animales, granjas tecnificadas, historias personales) que aún no está explotando suficientemente. Las empresas que lo están haciendo bien muestran personas reales en su día a día, no comunicados corporativos.
– La digitalización es condición necesaria, no suficiente. Ayuda a que el trabajo parezca más atractivo y, sobre todo, facilita la conciliación y elimina las tareas más duras. Pero no es el argumento de venta principal para una generación que ha nacido digital.
– El pack completo importa. Horario razonable, salario competitivo (con compensación por fines de semana y festivos), condiciones dignas en las instalaciones, estabilidad y plan de carrera. Si falla alguna de las piezas, el talento se va.
– La historia la están contando otros. Si el sector no comunica su realidad, otros la comunicarán en su lugar, y no siempre con buenas intenciones. Contar el día a día tiene riesgos, pero no contarlo tiene más.
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Preguntas habituales sobre talento joven en el sector porcino
¿Por qué los jóvenes no quieren trabajar en el sector porcino?
El principal motivo no es el rechazo activo, sino el desconocimiento. La mayoría de los jóvenes, incluidos estudiantes de veterinaria o agronomía, no tienen una imagen real de lo que implica trabajar en el sector. A eso se suma una desconexión emocional creciente entre el mundo urbano y el rural, amplificada por una narrativa negativa en redes sociales que el sector ha tardado en contrarrestar.
¿La digitalización puede ayudar a atraer talento?
Sí, pero como parte de un conjunto más amplio. La digitalización facilita la conciliación, elimina tareas repetitivas, hace el trabajo más estratégico y mejora las condiciones en granja. Sin embargo, para una generación que ha crecido rodeada de tecnología, la mera presencia de pantallas y sensores no es un argumento de venta. Lo que sí puede hacer es que el trabajo resulte más compatible con el estilo de vida que los jóvenes priorizan. Un ejemplo concreto de esta transformación es la revolución que el IoT está generando en la producción porcina.
¿Qué valoran más los jóvenes a la hora de elegir empleo?
Según las expertas de la mesa, la prioridad número uno es el binomio horario-salario. A partir de ahí, valoran el propósito (sentir que su trabajo tiene un impacto real), las posibilidades de desarrollo y formación continua, y las condiciones del entorno laboral. El salario emocional importa, pero no sustituye a la compensación económica justa, especialmente si el trabajo exige disponibilidad en fines de semana o festivos.
¿Cómo puede el sector mejorar su imagen entre los jóvenes?
Actuando en múltiples frentes simultáneamente: presencia en colegios y universidades, aprovechamiento de las redes sociales (especialmente TikTok e Instagram) con contenido auténtico, testimonios de empleados reales, apertura de las granjas a prácticas y visitas, y una comunicación que responda a las preocupaciones reales de la sociedad: bienestar animal, sostenibilidad, ausencia de antibióticos.
¿Qué papel juegan las empresas tecnológicas como Mensoft en este reto?
Un papel doble. Por un lado, facilitando las herramientas que hacen posible la conciliación y la mejora de condiciones laborales: sensorización, monitorización remota, automatización de tareas. Por otro lado, ayudando a contar esa historia: el sector porcino de hoy se gestiona con datos, con analítica, con precisión. Eso es un argumento de atracción de talento que el sector todavía no está comunicando con suficiente claridad. En nuestra reflexión sobre cómo humanizar el dato para transformar el sector porcino, profundizamos en esta visión.
¿Por qué los jóvenes prefieren trabajar en hostelería antes que en el sector porcino?
Por percepción social y por desconocimiento de las condiciones reales. Trabajar en hostelería tiene una imagen urbana y moderna; trabajar en una granja sigue cargando con estereotipos negativos. Sin embargo, en muchos casos el sector porcino ofrece mejores condiciones objetivas: horarios más estables, contrato indefinido, posibilidad de vivir en entorno rural con coste de vida menor. El reto es comunicarlo.
¿Qué pueden hacer las empresas del sector para fidelizar al talento que ya tienen?
Formación continua, adaptada a la evolución del sector. Reconocimiento explícito del esfuerzo en festivos y fines de semana, compensado económicamente. Planes de carrera claros. Y en la medida de lo posible, adaptar los turnos y horarios a las necesidades de conciliación. El sector tiene una ventaja estructural frente a otros: muchos puestos permiten trabajar de siete a tres, lo que libera las tardes. Eso hay que contarlo.
¿Las redes sociales son un riesgo para el sector?
Son un riesgo si el sector no participa en ellas. Cuando el sector no cuenta su historia, otros la cuentan por él, y el resultado suele ser negativo. La experiencia de empresas que sí están activas en TikTok e Instagram —mostrando el día a día, respondiendo preguntas, humanizando el trabajo— demuestra que el riesgo de recibir críticas disminuye cuando el contenido se hace con transparencia y propósito claro. El hate existe, pero es manejable si el mensaje es honesto.
¿Existe ya algún ejemplo de empresa que esté haciéndolo bien?
Sí. En la mesa se citaron casos como Innoporc, con presencia activa en TikTok mostrando el trabajo veterinario en granja, y bonÀrea, que ha adaptado su comunicación al lenguaje y formatos de los jóvenes, incluyendo ferias de empleo exprés en Instagram. También Ayuntamientos, donde una granja se integra desde el principio en la comunidad local y hoy da empleo a buena parte del pueblo, se mencionó como modelo de gestión de la relación con el entorno. En el marco de proyectos como BIOGLOBAL, este tipo de colaboraciones entre empresa, investigación y territorio cobran cada vez más sentido.
El aliado estratégico para dar ese paso
La sensorización y la digitalización no son el fin en sí mismas: son el medio que permite que el sector porcino trabaje de otra manera. Que los datos fluyan. Que las decisiones se tomen con criterio. Que las personas que trabajan en él puedan conciliar, desarrollarse y sentir que su trabajo tiene un impacto real.
Ese es exactamente el espacio en el que trabaja Mensoft: ayudar a las empresas del sector a implementar soluciones de sensorización, automatización y análisis de datos que hagan el trabajo más eficiente, más sostenible y más humano. Porque un sector que trabaja mejor es un sector que puede contar una historia mejor. Y una historia mejor es la que atrae al talento que el sector necesita.
¿Hablamos de cómo llevar tu granja al siguiente nivel? Contacta con nosotros.
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